Laboratorio de Acabados
El arte de dotar de alma, profundidad cromática e historia a la superficie viva del bronce recién colado.
Una pieza de bronce desmoldada emerge del taller con un color dorado crudo y brillante. Es en el banco de pátinas donde adquiere su carácter definitivo. Mediante la aplicación controlada de reactivos químicos sobre la superficie calentada con soplete oxi-gas a temperaturas de entre 120 °C y 220 °C, provocamos reacciones controladas de oxidación y sulfuración molecular.
En nuestro laboratorio de San Telmo formulamos las pátinas clásicas más apreciadas:
Para detener las reacciones químicas e impermeabilizar la pieza contra la intemperie, aplicamos en caliente una capa de cera microcristalina Renaissance y cera carnauba natural. Este sellador no forma una película plástica ni amarillea con los rayos solares, permitiendo que el bronce respire y conserve su textura sedosa al tacto.
Una vez alcanzada la coloración de pátina deseada por el escultor o curador, resulta indispensable sellar la superficie metálica para aislarla del oxígeno ambiental, la humedad y los óxidos de azufre típicos del aire urbano. En nuestro laboratorio aplicamos emulsiones cerosas de base microcristalina (cosmoloides refinadas) combinadas con inhibidores de corrosión de base benzotriazol en concentraciones controladas.
Estas capas de sacrificio son completamente reversibles y permiten renovaciones periódicas sin abrasión del metal subyacente. Para piezas ubicadas en interiores climatizados, recomendamos una inspección visual semestral y un lustrado suave con paño de microfibra seco, evitando de manera terminante el uso de limpiadores abrasivos o detergentes domésticos clorados que degradan los sulfuros y nitratos de la pátina.